sábado, 12 de enero de 2008

Un cuento ambar. (1ra parte)


Quise mirarla otra vez, pero no pude porque el resto se daría
cuenta de lo enloquecido que me tenía. No pude evitarlo, se veía
hermosa, más que antes.
Ahí estaba, hablando animosamente con sus rojos labios que
alguna vez me besaron a escondidas, con su pelo ondulado
y largo hasta su cintura, bella, no había nadie más bella.
Yo siempre he estado enamorado de ella pero debido a las
obvias circunstancias jamás he podido gritar mi amor a los
cuatro vientos como se debe.
Hoy luego de 5 años sin verla siento que el corazón me
late más fuerte que antes, lo cual es mucho más bello porque sé
que es por amor puro, no por ese amor de adolescente que se
siente a los 15 o 20 años. Ya ambos teníamos 27 y sabíamos
lo que queríamos para nuestras respectivas vidas.
Recuerda la primera vez que sentí sus labios, fue cuando
jugábamos cuando niños a tirarnos agua en la casa de su mamá,
debimos haber tenido 10 u 11 años y en un momento ella me
vacía un balde con agua en la cabeza, yo me enojé mucho ya que
el juego no era así de brusco. Le dije que la acusaría a su mamá
por brusca y ella me tomó de la pera y me dijo que ese iba a
ser nuestro secreto y que para sellarlo ella me daría un beso,
el cual me dio fugaz pero intensamente y al instante salió
corriendo con su falda bailando al ritmo del correr de sus piernas.
Temblé durante varios minutos y no era precisamente de frío
por lo mojado que estaba.
¿Era relevante? Yo pensaba que no, Ambar siempre fue traviesa
lo cual me hacía calmar mis mil pensamientos acerca de ese beso.
Pero ¿por qué me dejó tan embrujado con ese beso si éramos
unos niños que no sabíamos nada de la vida y dedicábamos
nuestro tiempo solo a jugar?
En fin, después de eso cuando nos juntábamos en casa de
mis padres, ella arrancaba de mí, cosa a la cual yo no le daba
mayor importancia (cosas de niñas).
Así fueron pasando los años y nuestra relación era normal, como
debía ser.
Ambos ya teníamos 20 años, yo estaba pololeando con Isabel,
la cual conocí en la Universidad cuando entré a
estudiar Comunicación Audiovisual. Era una mujer maravillosa,
ya llevábamos 8 meses juntos y yo estaba realmente feliz a su lado.
Debo reconocer que Ambar estaba siempre en mis pensamientos,
era una especie de amor platónico y el hecho de saber que jamás
podría tenerla conmigo creo que me cautivaba más aun.

1 comentario:

ME dijo...

OMG!!!!

QUIEROOOOOOOOO!!!!


QUIEROOOOOOOOOO!!!

QUIERO MAAAAAAAAAAAAAAAAS!!!!!

:-)!!!