
Julián amaba el olor a pasto le encantaba que cada vez
que nos viéramos estuviéramos sentados sobre él.
Era divertido, además como ambos somos obsesivos, nos
cuesta soltarnos cada vez que nos juntamos.
Julián estudia teatro, usa pitillos,lentes de sol como de
piloto y rie todo el santo día. Amo cuando ríe, su sonrisa
es dulce, coqueta.
Julián es abrazable, amable y adorable,su tono de voz es
tan cálido, tan familiar.
Te abría la puerta de su auto con la misma facilidad que te
abría las puertas de su corazón, si por el pudiera tener a
todo el mundo como amigo, los tendría sin duda alguna.
Julián cuando te mira con sus ojos calipso te roba el corazón,
cuando sientes su aroma a HOMBRE te roba el alma.
Sus trabajados brazos y piernas demostraban el constante
ejercicio que realizaba.
Julián es especial, demasiado especial, pero (siempre
hay un pero) Julián cada vez que te miraba te robaba algo,
ya que no lo hacia por inercia. Se dedicaba a robar sonrisas.
He ahí la razón de su constante y abundante felicidad. Tenía
las sonrisas de todo su entorno acumuladas en el cuerpo.
Siempre le llamo la atención a sus desconocidos el hecho
de que sus amigos fueran tan tristes y/o serios siendo
el tan espontáneo y divertido. Julián se alimentaba de
risas, a pesar de que había momentos en que se angustiaba
debido a que se encontraba frente a todas su victimas y no
quedaba nadie con risa!!
Su hambre de risas crecía y crecía, hasta que un día no pudo
más. Tanta risa no le cabía en su rostro, pero quería más.
Julián era insaciable, así que comenzó a robarle la risa a
la gente desconocida que sorprendía por la calle. Penetraba
su calipso mirada en señoras con sus bebés, en abuelitos,
en jóvenes, etc. ¡Ni don Leopoldo el quiosquero se salvó!
Hoy, la ciudad está triste, sólo con atisbos de sonrisa, pero
es muy angustiante no lograr acabar aquellos atisbos.
Los intentos de la gente son nulos.
Julián está más pleno que nunca, se ríen sus pies, manos,
rostro y hasta las orejas, pero está solo.
Uno de sus días de sonriente soledad, en la escalera del
metro se topó con un hombre, el cual le dice
misteriosamente: “sé a lo que te dedicas, cuídate”
Julián no le tomó mayor importancia y siguió caminando.
El hombre lo empezó a seguir, Julián se comenzó a inquietar
y le grita “¿¿qué quieres de mí?? A lo que el hombre le
responde: “¡mi risa!”, la señora con el bebé le dice:
¡mi risa!, los abuelitos le dicen: ¡nuestra risa!, los jóvenes
le dicen: ¡nuestra risa!
Julián colapsó con las tantas voces que fueron emitidas
por la boca de aquel hombre y entre tanta confusión y
desesperación cruzó la calle torpemente sin darse cuenta
que un enorme camión venía hacia él.
El estruendo fue atroz y el charco de sangre que quedó
en medio de la calle alrededor de su cuerpo, peor aún.
Julián escuchaba llantos a su alrededor en medio de su
inconciencia, hasta que abre los ojos y se da cuenta de lo
que había ocurrido. Ahí estaba aquel hombre, ¡si! el hombre
estuvo junto a él en sus minutos de inconciencia.
Julián seguía sin entender nada mientras el hombre lo
miraba con recelo hasta que le dice: “siempre fuiste nadie,
mira a tu alrededor, a nadie le importó tu accidente, el flujo
peatonal corre como siempre y aquí estás tú, inserto en él,
lógico porque tú eres él, tú estás igual que ellos.
Ya párate y basta de jugar al “señor feliz”.



















